miércoles, 5 de enero de 2011

El noviazgo a los ojos de Dios

 


Cuando buscamos el comienzo de una relación de novios, con un chico o chica que nos gusta, se sienten un sinfín de sensaciones, las cuales mueven emociones que siempre tienden a pensar en esa persona anhelada, y esto nos lleva a incrementar esa aspiración de ser correspondidos por esa persona.
El inicio de un noviazgo, marca el conocimiento de esa persona, donde las afinidades tienden a ser similares, creando esas sensaciones anteriormente mencionadas que corresponden al famoso enamoramiento.
El noviazgo es una etapa enfocada al conocimiento de la otra persona, donde la convivencia continua manifestará los anhelos y deseos de la pareja con la que se comparten diversos momentos.
Nunca hay que olvidar que el amor principal ante todo es el amor a Dios, el cual nos permite también sentir amor hacia personas que conviven con nosotros.
El noviazgo también es una responsabilidad, ya que implica la aceptación de lo que uno es, y de la unificación de costumbres con la otra personita. Te permite estar renovando compromisos contigo mismo y con la pareja, para fortalecer esa relación.
De acuerdo a lo anterior podemos ver que los primeros noviazgos, o aquellos a temprana edad, tienden a durar poco, debido a ese proceso de reconocimiento de lo que es un noviazgo como responsabilidad.
Es necesario tener en cuenta que el noviazgo es una interacción con otra persona la cual, tiene gustos, deseos, anhelos que pueden ser diferentes a los de nosotros.

Es muy común caer en la dependencia hacía la persona, lo cual nos lleva a los celos y a la posesividad, creyendo que la pertenencia de esa persona solo es del novio o la novia. En el noviazgo se conoce un mundo nuevo, donde la interacción marca nuevos panoramas no vividos, enriqueciendo un aprendizaje personal y compartido para seguir adaptándose a los contextos de la vida.

Cuando Dios está en medio del noviazgo, la probabilidad de enriquecimiento espiritual y personal es total. Es por eso que es necesario identificar la importancia del amor de Dios en el noviazgo, como centro de todas nuestras acciones.

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