jueves, 10 de febrero de 2011

Metodos anticonceptivos
Jorge L. Trujillo

Este es un tema muy delicado y controversial.   Trataré ser tanto bíblico como sensible a los sentimientos de las personas cristianas que en verdad se sienten 'agobiados' al tratar de llegar a una conclusión sobre este tema. Abordaré dos vías las cuales espero que traigan claridad y le ayuden a hacer una decisión sabia y sobre todo bíblica respecto a este tema.
Primero miraremos a lo que dice la Biblia respecto a los hijos y luego miraremos las situaciones y opciones que pueden ser consideradas cuando pensamos que acción tomar respecto a este tema.
¿Qué dice la Biblia?
La Biblia no dice "No evitarás los hijos", pero nos da suficiente información para llegar a la conclusión que NO ES una práctica agradable ante los ojos de Dios. Aunque desde la antiguedad, hace más de dos mil años atrás, ya se buscaban metodos anticonceptivos en las civilizaciones antiguas, estos métodos anticonceptivos como los conocemos hoy en día (pastillas, parches, etc.), existen desde hace solo unos 30 a 40 años y por lo tanto nada se dice explícitamente respecto a ellos.  Ahora, sí podemos ver principios los cuales podemos aplicar a estas situaciones. Según tengo entendido, la mayor parte de las denominaciones Protestantes y Evangélicas, la cual esta constituida por distintos grupos y organizaciones parece aceptar tales métodos anticonceptivos. La Iglesia Católica Romana por otra parte ha declarado tales métodos inaceptables y en contra de la voluntad divina aunque la mayoría de sus miembros están en contra de esta ordenanza. Pero lo importante no es lo que dice uno u otro sino lo que dice la Biblia.
Antes de llegar a una respuesta tenemos que ver cual fue/ es el origen y el propósito de estos métodos anticonceptivos lo cual nos puede dar luz al respecto cuando tratamos de llegar a una base bíblica. El problema con los métodos es la raíz o base (principio) detrás de ellos. Aunque el evitar los hijos es algo que se ha practicado por siglos, estos métodos artificiales fueron introducidos después de la segunda mitad del siglo XX con fin de promover el "sexo libre" sin el riesgo de llegar al embarazo. Como fin el principal propósito de estos métodos es el de "EVITAR LA VIDA" de un ser humano y dar lugar al PLACER SEXUAL ILIMITADO, LIBRE y sin "aparentes" consecuencias de un embarazo indeseado.
La relación sexual debe tener lugar solo y únicamente dentro de los lazos matrimoniales bien establecidos. Como puede ver, el principio detrás de esta práctica es totalmente en contra de lo que Dios ha diseñado y establecido para el hombre y la mujer. Dios hizo al hombre y a la mujer era "para que se multiplicaran". La razón principal detrás del acto sexual es la reproducción. Dios desea que los seres humanos se unan en matrimonio y tengan hijos. El evitar los hijos, entonces va claramente en contra al deseo de Dios. Hoy día, algunas parejas "cristianas", influenciadas por la sociedad, tienen la costumbre de evitar los hijos "para disfrutarse" ó porque no tienen los medios suficientes para mantenerlos. Este comportamiento es muestra de por lo menos dos cosas: 1. Irresponsabilidad, ya que el hombre antes de casarse debe estar consciente de que el matrimonio no es solo para compañía y placer sexual (lo cual no es pecado y es muy necesaria para la pareja) sino que lo es para reproducirse. El hombre que no crea estar preparado para mantener hijos, entonces no debe de casarse, debe de esperar hasta que este preparado hacerlo. 2. Falta de Confianza en Dios, porque piensa que lo que se hace lo es por su propia fuerza y que Dios no puede suplir todas sus necesidades conforme a sus riquezas en gloria. Porque "Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los edificadores" (Salmo 127:1)
Es necesario entender que los hijos no son estorbos a nuestros planes sino que son parte del plan de Dios para el matrimonio. Dios pudo haber creado el mundo lleno pero no lo hizo, lo diseñó para que fuésemos nosotros los que lo hiciéramos.

martes, 25 de enero de 2011

Santeria y Catolisimo
Comentario de un Sacerdote en Miami

En los cinco años que fui capellán en la Ermita de la Virgen de la Caridad en Miami, tuve oportunidad de evangelizar a muchos santeros que venían pensando que visitaban al dios Oshún. Generalmente no tenían entendimiento de Jesucristo como Salvador, ni de la necesidad de conversión. Al no tener conocimiento de la revelación cristiana no veían conflicto entre ser católicos y santeros.

Las personas suelen entrar en la Santería buscando resolver un problema. Por ejemplo, una enfermedad, la infidelidad de un esposo, problemas económicos, etc. Se les ha dicho que el santero tiene contactos especiales con el mas allá y poco se preocupan si ese contacto es con Dios o con el demonio, con tal que les de resultado. En algunos casos, la persona ha tratado de resolver el problema recurriendo a Jesús y a Su Iglesia pero no les ha "funcionado". He escuchado muchos testimonios en que dicen haberlo probado todo antes de entrar en la Santería. No dudo que eventualmente sientan una experiencia de Dios, pero en la santería no encontrarán la revelación de Dios que nos ha dado todo Su amor en Su Hijo Jesucristo.

Una vez iniciado a la santería, se le dice que debe seguir para obtener mejores resultados. El santero va tomando control de la persona hasta que el miedo la gobierna. Se le dice que si se separa, algo muy malo va sucederle... El Santero se va convirtiendo en un personaje indispensable que domina toda la vida y del cual no hay salida. En esto es parecido a la relación con la mafia.

Es natural que se busque resolver problemas, pero el auténtico encuentro con Dios no se puede centrar sino en el amor de Dios y en hacer la voluntad de Dios por amor aunque requiera abrazar la cruz. Dios es un Padre bueno que nos dará la fuerza para llevarla. Esa confianza, aunque no comprendamos Sus designios, es la base de nuestra fe cristiana. La obediencia muchas veces requiere abrazar grandes problemas por amor.

Mateo 7, 21 «No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial."

Jesús mismo nos da el mejor ejemplo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Lucas 22, 42

He aquí la radical diferencia: Cristo nos invita a negarnos a nosotros mismos y abrazar la cruz por amor obediente a Dios, la santería busca los poderes divinos para resolver problemas y el santero se va enfrascando en un mundo espiritual que exige ciertos ritos para asegurar su bienestar. Quien es ese dios que proporciona seguridad no tiene aparente importancia para el santero. El cristiano vive en el Espíritu Santo, el santero se somete a otros espíritus.

El relativismo de la santería queda ilustrado en una carta que me escribió un babalao:

No lo trate como anatema o herejía, trate de comprender a las gentes que van de rodillas el día de San Lázaro ante Babalú-Aye para pedirle salud. Esas gentes son tan dignas de nuestro amor y comprensión como lo son los que van ante la Virgen de Guadalupe o El Cristo de Medinacelí. Trate de abrir su mente y su corazón hacia esas gentes y no las trate con desprecio y sorna, no se lo merecen aunque le recen a Yemayá o a Obatalá, al fin y al cabo tienen las misma fe y la misma necesidad que los que van a rezar a la Virgen de las Mercedes o a la Virgen de Regla...

Es precisamente por amor que anunciamos a los santeros el amor de Dios en Jesucristo. Ciertamente que son dignos de amor y comprensión. Por eso son dignos de que se les diga la verdad sobre el amor perfecto: Cristo.

Quien ha estado en Santería necesita mucho amor y apoyo de la comunidad cristiana para librarse del miedo y de la ansiedad. Hay que insistirle en Dios amor que viene a salvarnos, que tiene todo poder para defendernos. Hay también que explicarle que por amor estamos dispuestos a ser fieles y obedecer sus mandamientos aunque tengamos que sufrir hasta la muerte.

San Ezequiel Moreno


Nació el 9 de abril de 1848 en Alfaro, Rioja España. En el seno de una humilde familia y con gran devoción católica, sus padres fueron Félix Moreno y Josefa Díaz. Desde muy niño descubrió su vocación a la vida religiosa y el 21 de septiembre de 1884 ingresó como religioso en el convento español de los agustinos recoletos en Montegudo, Navarra. Al año siguiente hizo su profesión religiosa en el teologado de Marcilla.
En 1870 viajó a Manila, Filipinas, donde se desempeñó como misionero. Al año siguiente fue ordenado sacerdote y destinado a Mindoro donde continuó sus actividades misioneras. Poco tiempo después se enfermó de paludismo y regresó a Manila.
Más tarde fue nombrado superior del convento de Monteagudo y vuelve a España para dedicarse a la formación de los futuros religiosos misioneros.
En 1888 viajó a Colombia al mando de un grupo de misioneros agustinos recoletos emprende. En este país empezó a reactivar las misiones y en 1893 fue nombrado obispo titular de Pinara y vicario apostólico de Casanare, en 1895 fue nombrado Obispo de Pasto. San Ezequiel desempeñó su nueva misión con la eficacia y generosidad que lo caracterizaban pero tuvo que superar numerosos obstáculos.
En 1905 se le diagnosticó cáncer y ante las reiteradas súplicas de los fieles y de los religiosos de su Orden, al año siguiente volvió a España para operarse. La operación no tuvo éxito y San Ezequiel, firme en su fe, se retiró al convento de Monteagudo, España, donde murió el 19 de agosto de 1906.
Su fama de santidad creció rápidamente, sobre todo en Colombia. Fue beatificado por el Papa Pablo VI en 1975 y el 11 de octubre de 1992 fue canonizado por el Papa Juan Pablo II . San Ezequiel Moreno es considerado como el especial intercesor ante Dios por los enfermos del cáncer y uno de los más grandes apóstoles de la Evangelización de América.
Santa Magdalena de Nagazaki

Hija de nobles y fervientes cristianos, nació en 1611 en las proximidades de la ciudad japonesa de Nagasaki. Refieren fuentes antiguas que era una mujer hermosa y de delicada constitución. Por su fe católica, sus padres y hermanos habían sido condenados a muerte y martirizados cuando ella todavía era muy joven.
En 1624, conoció a dos agustinos recoletos, los padres Francisco de Jesús y Vicente de san Antonio, llegados al Japón unos meses antes. Atraída por la profunda espiritualidad de ambos misioneros, se consagró a Dios como “terciaria” agustina recoleta. Desde aquel momento, su vestido de gala fue el hábito de terciaria, y su mayor solicitud la oración, la lectura de libros religiosos y el apostolado.
Los tiempos eran difíciles. La persecución que arreciaba contra los cristianos era cada día más sistemática y cruel. Magdalena enseñaba el catecismo a los niños y pedía limosna a los comerciantes portugueses a favor de los pobres. En 1629, se refugió con los padres Franciso y Vicente y varios centenares de cristianos en las montañas de Nagasaki. En noviembre de aquel mismo año, fueron capturados los dos misioneros, y ella permaneció escondida, soportando con serena alegría sufrimientos y estrecheces. Infundía valor para mantenerse firmes en la fe, animaba a cuantos por temor o debilidad habían renegado de Cristo, visitaba a los enfermos, bautizaba a los recién nacidos y para todos tenía una palabra de aliento.
En vista de los frecuentes apostasías de cristianos aterrorizados por las torturas a que eran sometidos y deseosa de unirse para siempre a Cristo, Magdalena decidió desafiar a los tiranos. Vestida con su hábito de terciaria, en septiembre de 1634, se presentó ante los jueces. Llevaba consigo un pequeño fardo llenos de libros religiosos para rezar y leer en la cárcel. Ni las promesas de un matrimonio ventajoso ni las torturas consiguieron doblegar su voluntad. A primeros de octubre, fue sometida al tormento de la “forca” o “fossa”. Suspendida por los pies, con la cabeza y el pecho introducidos en una cavidad cubierta con tablas para hacer aún más difícil la respiración, la valiente joven invocaba durante el martirio los nombres de Jesús y de María, y cantaba himnos al Señor. Resistió trece días en este tormento, hasta que una noche una fuerte lluvia inundó la fosa y la mártir se ahogó. Los verdugos quemaron su cuerpo y esparcieron las cenizas en el mar para que los cristianos no conservaran reliquias suyas.
Beatificada en 1981, fue canonizada por Juan Pablo II el 18 de octubre de 1987. En 1989 fue declarada patrona de la fraternidad seglar agustino-recoleta.